El afan del socialismo pragmático por vendernos las virtudes de su sistema político -en incluyo como diría Hayek a los socialistas de todos los partidos- acaba por tergiversar el significado de muchas palabras. Las palabras más castigadas que se me vienen a la mente son libertad, derechos, sociedad, solidaridad, bienestar, protección ... tantas que no acabaríamos en una semana. No siempre lo hacen conscientemente; las más de las veces son fruto de la inercia o de la falta de interés en cuestionarse sus creencias políticas. Otras veces, sin embargo, no son más que refinadas armas propagandísticas al servicio del poder, llámase Chávez, Obama, Sarkozy, Castro, Zapatero o Hu Jintao, o cualquier alcalde de cualquier pueblo de cualquier país del mundo.
Una palabra que me intriga es mixta. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define mixto como "formado por varios elementos que se mezclan para componer otro", y define economía mixta como "Sistema económico en el que parte de las decisiones se atienen a objetivos y límites impuestos por la autoridad central, adoptándose las restantes según los mecanismos de mercado". Podríamos discutir esa definición, aunque siempre habrá que la acepte sin más análisis al provenir de una institución -eso que en cierta película carcelaria describía un personaje como estar institucionalizado-.
El sistema en el que vivimos ahora se basa en las decisiones de la autoridad, sea central o periférica, dejando un margen escasísimo a los mecanismos del mercado. Por supuesto que el resultado final tiene una influencia directa del mercado, pero ¿realmente puede el mercado adoptar decisiones tan relevantes como las que adopta la autoridad central?
Empecemos por decir que el dinero está bajo monopolio exclusivo de una herramienta de planificación centralizada -Reserva Federal, Banco Central Europeo, etc.- que conjuntamente con un cártel muy limitado de instituciones financieras producen dinero de curso legal. El mercado no puede legalmente producir dinero. Es más, los bancos están protegidos en caso de pérdidas e incluso tienen permitidos contratos -contratos de depósitos sin obligación de mantener el objeto depositado- que serían considerados fraude en cualquier otro sector.
Pasamos ahora a servicios básicos como la electricidad, el agua, las telecomunicaciones, transporte aéreo o por ferrocarril, etc. Todas o bien están en manos de empresas públicas o bien proceden de monopolios privatizados en sólo algunas manos y con procedimientos que difícilmente pueden ser calificados de favorecer la competencia. Además, muchos de ellos están sometidos a números cerrados de empresas que pueden facilitar dicho servicio e incluso a precios fijados por ley en buena parte de los casos.
Consideremos además otros servicios en los cuáles el peso del Estado puede estar entre el 90 y el 100%, como la justicia, la educación, la seguridad, la sanidad, los seguros de jubilación, etc. ¿Qué margen le queda al mercado?
Por otro lado, muchos sectores reciben subvenciones públicas, ¿lo llamamos mercado? Una gran variedad de productos agrícolas entrarían en esta definición, aunque muchos otros como el automovilístico o el energético -esas minas de carbón aún abiertas pese a sus costes al mismo tiempo que la nueva energía sostenible recibe subvenciones, curiosa esquizofrenia-, también reciben una parte importante del pastel.
Otros sectores reciben menos subvenciones públicas, pero viven fundamentalmente de prestar sus servicios al Estado. Por ejemplo, las empresas de construcción de infraestructuras reciben buena parte de su facturación de contratos públicos. Curioso mercado, ¿verdad?
Finalmente, todos los sectores que podríamos considerar más libres de la influencia de la autoridad, también tienen su carga: los impuestos. Piense que cualquier empresa alcanza en España un coste de 3.000 euros mensuales para contratar a un trabajador cuyo sueldo neto de impuestos -directos o indirectos- no alcanzará los 1.500 euros. Añadamos el impuesto sobre beneficios -si quedan-, los impuestos municipales, los impuestos ocultos en tiempo improductivo perdido en burocracia, los aranceles si la empresa importa del exterior, etc., etc., etc.
¿Toma decisiones el mercado? Sí, las toma, como las toma un preso que decide si en su tiempo de patio prefiere pasear, leer un libro o echarse a llorar en una esquina.
Lo curioso es que sí hay lugar para una verdadera economía mixta. Imaginemos -no nos queda otra que imaginar- que viviéramos en un lugar en el que el libre mercado no tuviera restricciones. ¿Qué impide a los que quieran vivir en un sistema socialista unir sus esfuerzos y vivir pagándose impuestos entre ellos y con su propio estado del bienestar? Nada, pero claro, eso sería solidaridad real entre los que quieren ese estilo de vida, pero no es eso lo que quieren, quieren la solidaridad forzada y a la carta que nos imponen cada día. Esa solidaridad dirigida hacia dónde más votos produce a costa de muchos de los que creen en la libertad de elección. Pero algún día no habrá más vacas que ordeñar, ¿de dónde sacarán la leche? ¿de la máquina de imprimir dinero del banco central? Ni las impresoras, ni los apuntes contables, ni los votos, ni los golpes de pecho solidarios, crean riqueza. Lo más que crean es una falsa ilusión de seguridad -"el Estado tiene que solucionar la situación"; "el Estado es demasiado grande para quebrar"; "cobraremos nuestras pensiones"-. La misma falsa ilusión de seguridad que hace que las energías vayan dirigidas a cómo obtener más del Estado, y no a cómo crear más riqueza real.
¿Economía mixta?
November 16, 2009
¿Economía mixta?
November 06, 2009
Piratas, secuestrados y el papel del Estado
En las noticias de los medios de comunicación españoles figura en un lugar destacado el secuestro del pesquero Alakrana. Las connotaciones respecto a la procedencia vasca o española del buque me son totalmente indiferentes, pero no las económicas.
Dejemos claro desde el principio que un secuestro es inadmisible en cualquier circunstancia. El secuestro atenta contra el derecho de toda persona a no ser agredida o privada de libertad. No lo volveremos a repetir, lo cual no querrá decir en ningún momento que justifiquemos dicha acción criminal.
Los piratas somalíes no son más que, en su mayoría, pescadores reciclados. Su forma de vida pasaba por la pesca utilizando barcos pobremente equipados pero suficientes para su subsistencia. Con el paso del tiempo, barcos procedentes de áreas más desarrolladas comenzaron a competir en sus mismas zonas de pesca con tecnología más avanzada. El resultado fue que los bancos de pesca cercanos a la costa del Estado anteriormente conocido como Somalia quedaran prácticamente vacíos de producto.
En economía es perfectamente conocida -y casi siempre ignorada-la llamada tragedia de los comunes. Simplificando mucho, la tragedia de los comunes se deriva del uso irracional -económicamente irracional, aunque podríamos discutir sobre esta definición- de aquellos bienes comunes, es decir, aquellos bienes que supuestamente pertenecen a todos, o que quizá más bien, no pertenecen a nadie. En general, podríamos decir que todos los bienes propiedad del sector público son comunes, pero especialmente aquellos cuya delimitación es más compleja y su facilidad de uso es más directa.
Un caso especial es el mar. Nadie posee el mar. La gran mayoría del mar entra dentro de la definición de aguas internacionales. La Convención de Derecho del Mar es un tratado de las Naciones Unidas que regula el uso de las aguas internacionales, estableciendo básicamente la libertad de navegación y pesca. Dicha libertad implica necesariamente la prohibición de la proviedad privada propiciando la tragedia de los comunes de la que hablábamos antes.
Cuando un barco pesquero de bandera española decide faenar en aguas internacionales está tomando una decisión puramente empresarial que no refleja todos los costes que supone la explotación del recurso marino. En concreto, no refleja ningún tipo de deterioro que provoque su actividad económica en el mar. Dado que el empresario no posee el mar, en el sentido en el que, por ejemplo, un agricultor posee sus tierras, el coste económico de disminuir la capacidad del mar para producir más pescado es nulo. Por tanto, el incentivo para mantener la capacidad productiva del recurso es muy pequeño, basta con cambiarse de zona de pesca. Los tratados bilaterales - Unión Europea/ Marruecos por ejemplo - no son más que parches en los que las cuestiones económicas se mezclan con las políticas. En resumen, un armador no soporta todos los costes de su actividad, los soportamos todos en forma de menor capacidad futura del mar para proveernos de pescado.
Conforme los bancos pesqueros cercanos se vuelven menos rentables, los empresarios buscan otras oportunidades. En este caso, el Alakrana tenía el Océano Índico como objetivo. Lógicamente, los costes de explotación eran mayores que los de faenar en el Cantábrico. Pero si tenemos en cuenta los antecedentes sobre secuestros de barcos en el Índico, parece evidente que la aventura empresarial tenía un alto riesgo económico y personal. Ese riesgo debe incluirse en la decisión empresarial que supone faenar en aguas peligrosas. La gestión del riesgo es una parte fundamental de cualquier empresa. No en vano, un sector de la economía se dedica exclusivamente a reducir riesgos: las compañías de seguros. Ignoro que tipos de seguro tenía el Alakrana, y supongo difícil que una compañía de seguros cubriera ese riesgo. Difícil, pero no imposible, eso sí, a un coste que probablemente hubiera hecho que la decisión de marchar al Índico no se hubiera tomado. Otra alternativa -o un complemento- sería la seguridad privada. En España la ley que permite seguridad privada en los pesqueros es reciente, pero cuando se trata de seguridad y del Índico, estoy convencido de que el coste de la posible sanción era menor al coste que están sufriendo ahora.
En definitiva, el problema del Alakrana es puramente económico. El error es empresarial, una decisión que no tenía en cuenta - consciente o inconscientemente- determinados costes. No es razonable bajo ningún punto de vista racional que todos asumamos unos riesgos de los que en ningún momento hemos sido partícipes.
Es una tragedia humana. Cierto. Como las hay diariamente a miles. Simplemente ésta es una tragedia televisada y con connotaciones que hacen que nos parezca más importante que otras tragedias humanas, en las que igualmente los que piden que el Estado libere a los secuestrados, podrían pedir la intervención del Estado para solucionarlas. Desgraciadamente hay Alakranas todos los días.
No se trata de individualismo, de valorar tu dinero más que la vida de los demás o de insensibilidad ante el sufrimiento humano. Se trata de poner de manifiesto que un sistema que se basa en los bienes comunes y en la presencia del Estado como garante de los derechos está llamado a la ruina económica y moral en todos los sentidos. Debemos mirar con perspectiva, no el caso concreto. El Alakrana no es más que un ejemplo del daño que causan las decisiones erróneas en economía. Perpetuar el error no es precisamente la mejor solución.
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November 04, 2009
Artistas contra su crisis
En keynesisdead nos encanta Juan Ramón Rallo. Rallo es un joven economista que mantiene su independencia frente a los poderes fácticos españoles. Hay quiénes le acusan de tener un sesgo hacia el Partido Popular. Eso no es más que una soberana estupidez de quiénes ni se han molestado en leer las ácidas críticas de Rallo al PP.
Traemos a Rallo a este blog porque íbamos a expresar nuestra indignación por la carta de los artistas (y otros profesionales) ofreciéndonos "gratuitamente" sus soluciones a la crisis. La carta habla por sí sola. Sin embargo, Rallo -tampoco está nada mal el comentario de Rodriguez Braun a uno de los no firmantes, Willy Toledo- ya lo ha hecho por nosotros. El título ya es esclarecedor: Artistas contra su crisis. Disfrutadlo.
Por cierto, ¿es coherente esta actitud de los artistas firmantes con sus elevadas rentas? ¿cuando Ana Belén aparece anunciando productos de belleza, aparca temporalmente sus teorías económicas o quizá no contenta con sus impuestos, dona sus ingresos al Estado para que sabiamente los reparta?
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November 01, 2009
Global Warming Skepticism: we are not alone
Global warming skepticism is growing. This week I have read two great pieces on global warming. One is an indicator about increasing awareness in mainstream media about the fact that different views on this issue are not just available, but more sounded that the typical let's-punish-ourselves-for-being-bad-guys rhetoric used by the 'official truth' believers. Let's welcome the BBC:
http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/nature/8299079.stm
The other piece is a demolishing letter written by the physicist Howard Hayden to the US Environmental Protection Agency. Please, could anyone write another one to the European Union before they start -well, they started already long time ago- to spend our money in fighting unknown ghosts?
http://www.stephankinsella.com/wp-content/uploads/2009/10/HaydenToJackson.pdf
Thanks to Stephan Kinsella for publishing this letter.
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October 03, 2009
Sindicatos
Hablaremos largo y tendido de los sindicatos. Nos gustaría saber qué porcentaje del drámatico número de desempleados en España se le podría atribuir a la estupidez consentida de los sindicatos. Son organizaciones cuyo fin parece ser autoperpetuarse, porque si no es difícil entender el daño que están haciendo. Cándido Méndez e Ignacio Fernández Toxo compiten no sé si en ignorancia o en maldad. Cada declaración suya, cada convenio colectivo forzado, cada apoyo al gobierno, son parados que van sumando, especialmente entre aquellos que dicen proteger: parados de larga duración, jóvenes, trabajadores de baja cualificación.
Pero son incapaces de ver la realidad -o tal vez, simplemente unos hipócritas incorregibles.
Leemos en El País palabras de José Ricardo Martínez, secretario general de UGT, en referencia al Comité Olímpico Internacional y su decisión de conceder los Juegos Olímpicos de 2016 a Río de Janeiro en lugar de a la candidatura de Madrid:
"Es la única organización del mundo que decide asuntos muy importantes sin que nadie les haya elegido"
¿Perdón? ¿Y a Uds. quiénes os han elegido? Que conste que personalmente considero el derecho a voto como un simple placebo que contenta a los que no se molestan en pensar para qué sirve realmente su voto, pero ¿UGT dando lecciones de democracia cuando sólo representan a un porcentaje muy escaso de los trabajadores y se permiten tomar decisiones por todos ellos?
No defiendo al COI. Es más, me parece un absurdo todo el montaje de unos Juegos Olímpicos a costa del dinero de los ciudadanos. Pero que venga un sindicato a hablar de democracia no deja de ser una broma de muy mal gusto.
Mientras en ADN Toxo y Méndez reclaman "pedagogía" para explicar la subida de impuestos. Señores, hablen con propiedad, se llama propaganda, no pedagogía, y no la van a pagar Uds. sino todos los contribuyentes. Que te muestren las bondades del robo institucionalizado con propaganda pagada con tu propio dinero me recuerda a esos casos en los que te roban el espejo del coche y te lo acabas encontrando en algún mercadillo a muy buen precio. Lo peor es lo acabamos comprando al propio ladrón e incluso nos quedamos contentos por habernos ahorrado unos euros.
Lobotomía colectiva por fascículos. Y los sindicatos están entre los cirujanos más atrevidos.
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September 22, 2009
Cuatro demonizaciones injustas
Quizás porque tenemos algunos conceptos demasiado interiorizados y porque creemos que es insensible o poco solidario plantearse lo contrario, nos cuesta mucho trabajo cuestionarnos determinado tipo de axiomas. Por ello, creo existen términos que son mayoritariamente demonizados y sobre los que resulta interesante reflexionar.
La codicia humana ha sido, incluso oficialmente, señalada como la culpable de la actual crisis. Sin embargo, como he expuesto en otras ocasiones, la avaricia ha existido y existirá siempre. Forma parte de la naturaleza del ser humano. Por tanto, que un economista culpe de la crisis al anhelo humano de acaparar riquezas es como que alguien culpe al sol del cambio climático. La codicia, como el sol, ha estado siempre ahí. La economía, como ciencia social que es, estudia el comportamiento y las decisiones de los seres humanos. Por tanto, cualquier sistema económico y cualquier ideología deben tener en cuenta la codicia como una variable constante y relevante. Una de las carencias de muchas corrientes ideológicas, e incluso del orden económico predominante en el mundo civilizado, es no tener en cuenta la imperturbable e influyente presencia de agentes económicos ambiciosos.
Sin embargo, con el menosprecio a su influencia no acaban los equívocos relativos a la codicia. Es muy común, y más ahora en plena recesión, atribuir al término una connotación negativa. ¿Es malo ser ambicioso? Todo lo contrario. De hecho, hasta cierto punto, es la ambición la que mueve el mundo y la que produce el progreso humano. Si en el sistema económico no existieran agentes con el deseo de mejorar su situación no existirían empresarios, nadie arriesgaría sus ahorros para montar un negocio y no se crearía empleo. La avaricia, además de ser inevitable, es, en cierto modo, necesaria.
Por el mismo motivo por el que la ambición es necesaria e inevitable, es necesario e inevitable que existan desigualdades sociales. Supongo que muchos lectores estarán ya poniendo el grito en el cielo ante tal afirmación, pero permítanme que justifique mi posición.
Al afirmar que deben existir desigualdades no pretendo defender la existencia de personas que vivan indignamente, a las que se excluya, o cuyos ingresos deban ser necesariamente inferiores al umbral de pobreza. Para entendernos, no es necesaria la presencia de pobres, pero sí es indispensable la presencia de ricos. Los adinerados, tan demonizados generalmente y a los que constantemente se quiere subir los impuestos y culpar de la crisis, son los que invierten, los que crean empresas, y por ende empleos y, queramos o no, los que crean riqueza. Subir constantemente los impuestos a las rentas altas, por muy solidario y bien intencionado que pueda ser es, desgraciadamente, contraproducente, ya que desincentiva la creación de empleos.
Por otro lado, al tiempo que las desigualdades son en cierta forma necesarias, también son inevitables. Los seres humanos no somos todos iguales. Unos son más guapos y otros menos. Unos son más altos y otros menos. Unos son más capacitados para los negocios y otros menos. Unos son mejores deportistas y otros menos. Ya me gustaría que todos fuéramos iguales, al menos en el tema deportivo, para cobrar yo lo que cobra Cristiano Ronaldo. Las diferencias entre las personas existen y existirán siempre, por mucho que en algunos momentos de la historia cierta raza como la aria intentara evitarlo. Podemos ser solidarios con los desfavorecidos, pero no podemos evitar las desigualdades. Por ello, intentar redistribuir la riqueza a base de subir incesantemente los impuestos a los ricos es, además de un brindis al sol, contraproducente para el progreso económico.
Otro vocablo al que se demoniza incuestionablemente es el tan de moda término “crisis”. Evidentemente, una recesión como la actual no es ni deseable ni beneficiosa, pero ¿era necesario llegar a esto?
Verán, tal y como explica la teoría austriaca, la crisis es la herramienta que tiene la economía para depurar las inversiones erróneas. Por ello, si es inevitable que en la sociedad se produzcan malas inversiones, evitar las depresiones económicas se antoja algo imposible. Cuando los políticos y los dirigentes de los Bancos Centrales intentan evitar una crisis, lo único que consiguen es retrasarla. Y cuanto más la retrasen más grave serán las consecuencias. Se ha explicado muchas veces que bajar los tipos de interés es como dar más whisky al borracho para evitar la resaca. No es posible evitar la resaca, y cuanto más la retrasemos a base de más alcohol, peor será el malestar posterior. Bajar los tipos de interés no evita el depurar las malas inversiones sino que lo retrasa.
Durante más de un siglo las autoridades monetarias han intentado evitar los periodos contractivos sin ningún resultado. Sólo han conseguido retrasarlos y, como consecuencia, agravarlos. Cuanto más largo sea el periodo expansivo, más grave será el crac al engordarse las malas inversiones y las burbujas.
Las crisis son, en el sistema actual con dinero fiduciario y patrón Dólar, inevitables.
Una obsesión de nuestros políticos es, mayoritariamente, acabar con los paraísos fiscales e incluso últimamente con el movimiento de capitales. Lógicamente, igual que a McDonald´s, a Telefónica o a Coca-cola no les gusta la competencia, a los gobiernos del mundo no les gusta que otros estados instauren precios (impuestos) más baratos. Pero si al ciudadano le interesa la competencia entre Coca-cola y Pepsi ya que les obliga a bajar los precios ¿por qué no les iba a interesar la competencia entre gobiernos a la hora de fijar impuestos?
Para todos los ciudadanos, quizás con la excepción de los accionistas de Coca-cola, es beneficioso que la compañía baje los precios obligada por la competencia de Pepsi. Por tanto, cualquiera afirmaría que la bajada de precios de Coca-cola es positiva para el conjunto de los ciudadanos. Traslademos este ejemplo a los impuestos. Para todos los ciudadanos en particular, quizás con la excepción de los que se dedican a la política, es bueno que les bajen los impuestos. Y sin embargo, los políticos se encargan de romper el axioma en aras del bien común. ¿Cómo podría algo beneficioso para todos los ciudadanos ser perjudicial para el bien común? La conclusión es que los dirigentes, aún cuando quieran justificarlo con el bien común, sólo piensan en su interés personal. A los gobernantes les hacen falta fondos para poder llevar a cabo infinidad de medidas que, aún cuando en ocasiones son inútiles e incluso perjudiciales para la ciudadanía, son llamativas, populistas y embaucadoras, y por tanto son ideales a la hora de captar votantes. Pero no se engañen, excluyendo el interés de los políticos, la competencia entre estados a la hora de fijar impuestos es positiva para la ciudadanía.
Fdo: Sr. Smith
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August 28, 2009
La Chapuza Nacional
Artículo del Sr. Smith
El esperpéntico espectáculo ofrecido por el ejecutivo de Rodríguez Zapatero en estos días, ha venido a confirmar lo chapuceros que podemos llegar a ser en ocasiones en este país. La improvisación demostrada por el gobierno en el asunto de los 420 euros de ayuda a los parados sin prestación ha alcanzado cotas esperpénticas. En primer lugar, el precipitado anuncio de la medida, sin haber realizado la necesaria organización burocrática previa, ocasionó un caos en las oficinas de INEM las cuales no habían sido preparadas para la avalancha de parados que acudieron a solicitar la ayuda. A continuación, el conocimiento por parte de los desempleados de que la ayuda no llegaría a la mayoría de los que han agotado las contraprestaciones generó malestar, decepción, e indignación. Como consecuencia, el presidente Zapatero compareció en rueda de prensa anunciando que no descartaba aumentar las ayudas a otros parados a los que no alcanzaba la medida. ¿No se podía haber empezado por ahí? ¿Que sentido tiene anunciar una medida social de este calado, para dos días más tarde incrementarla? La chapucera forma de la que el gobierno socialista ha anunciado la medida es indicativa de cómo funciona la chapucera, partidista, populista, y electoralista clase política de este país.
Y tras observar este espectáculo uno no puede menos que hacerse ciertas preguntas; ¿Se ha parado a pensar el presidente el coste las ayudas que pretende conceder a los parados? ¿Se ha realizado el necesario estudio presupuestario para la implantación de la medida y para su posterior ampliación? ¿Se analizado fríamente el impacto que tendrán las ayudas en las cuentas públicas? ¿Está garantizada la necesaria financiación? Viendo la chapucera forma de la que han anunciado las ayudas y su precipitada ampliación parece que la respuesta a todas estas preguntas es no.
No sé a ustedes, pero a mí, que jueguen de esta forma con el dinero de mis impuestos me cabrea enormemente.
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