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March 24, 2010

Stiglitz, el buhonero

Artículo del Sr. Smith

Cuando un charlatán de feria intenta vender un “crece pelos” a un cándido cliente siempre tiene una excusa preparada por si el incauto comprador vuelve al carromato a expresar sus quejas por la ineficacia de la fórmula magistral. Y a veces, desgraciadamente, parece que algunos economistas, por muchos flamantes premios Nobel que posean, actúan como buhoneros de feria.

Es el caso del insigne profesor de la universidad de Columbia, el señor Joseph Stiglitz, quien a tenor de sus últimas declaraciones parece haber obtenido el premio Nobel en la tómbola adyacente del puesto de feria en el que vende al mundo su inservible “crece pelos” y otros ineficientes potingues. En declaraciones formuladas en Pekín, el señor Stiglitz asegura que las soluciones Keynesianas en forma de estímulos Estatales no han tenido éxito porque el gobierno americano (y otros gobiernos del mundo) se quedaron cortos en sus medidas para impulsar la economía. O sea, que si a usted no le ha funcionado el “crece pelo” y sigue calvo, es que no se echó bastante cantidad, compre otro bote y pronto verá los magníficos resultados. Lo que el mercachifle de Stiglitz y otros de su opinión olvidan, es que los incentivos gubernamentales hace mucho que superaron el límite máximo permisible y han situado los porcentajes de déficits públicos de casi todas las economías desarrolladas en unos niveles insoportables. Prácticamente todos las naciones prósperas han gastado mucho más de lo que han ingresado. Esta situación, que para cualquier familia o empresa es insostenible, no lo es menos para una nación. No se puede gastar más de lo que se ingresa indefinidamente. Tarde o temprano hay que pagar las deudas. Pero el señor Stiglitz sigue proponiendo gastar más y más. Lo que el profesor de la universidad de Columbia no explica es cómo piensa pagar los gastos. Es fácil deducir que para pagar todos los dispendios, será necesario incrementar los impuestos, pero esa subida de impuestos, como por ejemplo la planeada subida del IVA en España, supondrá un estancamiento de la economía que invalidará cualquier estímulo puesto en marcha por el gobierno.

Espero que ningún lector piense que soy un engreído y un arrogante que se atreve a cuestionar las afirmaciones de todo un premio Nobel. Nada más lejos de la realidad. No soy yo quien cuestiona a Stiglitz, sino toda la teoría austriaca y economistas de la talla de Hayek, Von Mises, Hazlitt o Jesús Huerta de Soto, a quienes el señor Stiglitz ningunea y obvia, arropado en su errónea concepción Keynesiana de la economía.

December 14, 2009

Samuelson ha muerto

Cuando comenzamos este blog elegimos "Keynes ha muerto", como metáfora de que sus ideas habían muerto desde hacía ya mucho tiempo. Perfectamente podríamos haberlo titulado "Samuelson ha muerto". Se atribuye a Samuelson la síntesis entre las teorías keynesianas y las neoclásicas. Gracias a él, piensan muchos, somos capaces de tomar lo mejor de cada visión de la economía para hacer un mundo más rico, más justo, más humano. Hay quien no ha dudado de calificarlo de "el mejor economista de todos los tiempos". Sin duda, dicho calificativo, califica a su vez a quien lo piensa, aquel que juega con la estupidez aquella de que en el término medio se encuentra la verdad, cuando tantas veces lo único que se encuentra a mitad de camino es la mediocridad de quien no quiere enfrentarse a la realidad.

Ayer domingo, Samuelson murió. Descanse en paz.

Pero no podemos olvidar, especialmente en estos días en los que los halagos se sucederán hasta el hartazgo, que su legado es demoledor. Él mismo decía de Hayek y de Friedman que ambos eran dos hombres muertos, pero que sus legados eran aún puro veneno. Samuelson es ahora un hombre muerto y desgraciadamente, su veneno no ha muerto ni parece que vaya a morir pronto.

Samuelson gustaba de nadar entre dos aguas, presumía de no venderse a ninguna corriente, tal vez simplemente se vendía a si mismo y a su imagen de hombre de inteligencia suprema. Pura fachada. Su síntesis no dejaba de ser una justificación del keynesianismo, por mucho que las matizara con teorías clásicas.

Samuelson incluso defendió el comunismo como una posibilidad que no debía ser olvidada y de la cual era posible aprender. Síntesis curiosa, aquella que abraza preceptos comunistas y que niega la libertad de mercado.

Decía un ajedrecista sobre dos grandes jugadores de su época, que el juego de Lasker era como una copa de agua cristalina con una gota de veneno, mientras que el estilo de Capablanca era como esa misma copa de agua, pero sin la gota de veneno. Parafraseándolo, Keynes era la copa de agua con la mitad de su contenido en veneno. Samuelson pretendía ser la copa de agua cristalina sin el veneno. Veneno puro.

April 02, 2009

El G-20 o el totalitarismo con piel de cordero.

Hoy es un día triste para la libertad. Gordon Brown ha resumido la esencia de la crisis: "Hemos acordado una regulación dura y aquellos que no se integren serán sancionados". Hablaba de los mal llamados en castellano paraísos fiscales, pero en realidad la idea se puede aplicar a cualquier ámbito a partir de ahora. El objetivo es que nadie quede fuera del control del sistema.

Los acuerdos son los siguientes:

  • Todo el sistema financiero debe estar sujeto a regulación. Con ello se logrará que la competencia en el sector financiero sea muy limitada, perpetuando la posición dominante de poder de los bancos más poderosos en complicidad con los bancos centrales.
  • Se publicará una lista completa de los países que tienen secreto bancario. "La era del secreto bancario ha terminado" dice la declaración del G-20. Los países que no cumplan serán sancionados. Esto no deja de ser una declaración de guerra inaceptable.
  • Mayor regulación de las agencias de rating. Es obvio que han fallado. La consecuencia es una palmadita en la espalda y el compromiso de que se portarán bien a partir de ahora. Una economía de mercado real simplemente las habría eliminado por incompetentes, sin necesidad de regulación alguna.
  • Compromiso de cada gobierno de continuar estimulando la economía nacional.
  • Dotar al Fondo Monetario Internacional de 1 billón (español, un trillón anglosajón) de dólares para incentivar la economía. En definitiva, se aleja aún más del ciudadano el poder de decisión. Si el ciudadano puede tener una incidencia escasísima al menos para cambiar de gobierno en las urnas, cuantas más instituciones haya con este poder como el reforzado FMI, más claro parece que el poder del ciudadano ha alcanzado el cero absoluto. Parte de ese billón irá a ayudar a países en desarrollo, así como 50.000 millones adicionales de ayuda directa. Por supuesto, no se habla de los subsidios a la agricultura y otras industrias de los países ricos cuya daño en los países pobres es denigrante para la especie humana.
  • Mayor coordinación internacional de la supervisión incluyendo normas de contabilidad internacionales revisadas.
  • Evitar el proteccionismo. Al menos, una de las intenciones declaradas es totalmente razonable. Lástima que será la más vulnerable.
  • Compromiso para no disminuir la lucha frente al cambio climático. Me arriesgaría a decir que los países presentes en Londres suponen fácilmente el 99% del desperdicio energético mundial. Poco ejemplo pueden dar.
El panorama que nos espera es sombrío. No parece que haya escape posible. Es la forma moderna en la que se nos presenta el totalitarismo. Nos dan a elegir entre dos o tres tonos del mismo color para que creamos que tenemos el poder de decidir, y nos venden el producto con una bonita etiqueta en la que se lee social, para que vivamos con la conciencia tranquila y sin hacer mucho ruido.

Lo cierto es que este totalitarismo es mucho más peligroso que sus manifestaciones anteriores. El sistema está dominado por políticos, banqueros, empresas de armamento -valga la redundancia porque están controladas por políticos y banqueros- y amigos varios del sistema. Pero la gente se ha acostumbrado a no pensar, unos por miedo, otros por pereza. No hace tanto era fácil identificar a los enemigos de la libertad. Con la fuerza de las armas conseguían en muchos casos someter a las personas, pero no siempre lograban someter sus pensamientos. Ahora todo ha cambiado, también han sometido el pensamiento.

Decía el personaje de ficción Verbal Kint en la fantástica película Sospechosos Habituales, que el mayor truco del diablo es haber convencido al mundo de que no existía. El diablo del totalitarismo oficialmente no existe. Hayek en su revelador "Camino a la Servidumbre" sí supo ver a ese diablo. Hoy en Londres, el diablo ha vencido de nuevo.