Showing posts with label Dinero fiduciario. Show all posts
Showing posts with label Dinero fiduciario. Show all posts

November 16, 2009

¿Economía mixta?

El afan del socialismo pragmático por vendernos las virtudes de su sistema político -en incluyo como diría Hayek a los socialistas de todos los partidos- acaba por tergiversar el significado de muchas palabras. Las palabras más castigadas que se me vienen a la mente son libertad, derechos, sociedad, solidaridad, bienestar, protección ... tantas que no acabaríamos en una semana. No siempre lo hacen conscientemente; las más de las veces son fruto de la inercia o de la falta de interés en cuestionarse sus creencias políticas. Otras veces, sin embargo, no son más que refinadas armas propagandísticas al servicio del poder, llámase Chávez, Obama, Sarkozy, Castro, Zapatero o Hu Jintao, o cualquier alcalde de cualquier pueblo de cualquier país del mundo.

Una palabra que me intriga es mixta. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define mixto como "formado por varios elementos que se mezclan para componer otro", y define economía mixta como "Sistema económico en el que parte de las decisiones se atienen a objetivos y límites impuestos por la autoridad central, adoptándose las restantes según los mecanismos de mercado". Podríamos discutir esa definición, aunque siempre habrá que la acepte sin más análisis al provenir de una institución -eso que en cierta película carcelaria describía un personaje como estar institucionalizado-.

El sistema en el que vivimos ahora se basa en las decisiones de la autoridad, sea central o periférica, dejando un margen escasísimo a los mecanismos del mercado. Por supuesto que el resultado final tiene una influencia directa del mercado, pero ¿realmente puede el mercado adoptar decisiones tan relevantes como las que adopta la autoridad central?

Empecemos por decir que el dinero está bajo monopolio exclusivo de una herramienta de planificación centralizada -Reserva Federal, Banco Central Europeo, etc.- que conjuntamente con un cártel muy limitado de instituciones financieras producen dinero de curso legal. El mercado no puede legalmente producir dinero. Es más, los bancos están protegidos en caso de pérdidas e incluso tienen permitidos contratos -contratos de depósitos sin obligación de mantener el objeto depositado- que serían considerados fraude en cualquier otro sector.

Pasamos ahora a servicios básicos como la electricidad, el agua, las telecomunicaciones, transporte aéreo o por ferrocarril, etc. Todas o bien están en manos de empresas públicas o bien proceden de monopolios privatizados en sólo algunas manos y con procedimientos que difícilmente pueden ser calificados de favorecer la competencia. Además, muchos de ellos están sometidos a números cerrados de empresas que pueden facilitar dicho servicio e incluso a precios fijados por ley en buena parte de los casos.

Consideremos además otros servicios en los cuáles el peso del Estado puede estar entre el 90 y el 100%, como la justicia, la educación, la seguridad, la sanidad, los seguros de jubilación, etc. ¿Qué margen le queda al mercado?

Por otro lado, muchos sectores reciben subvenciones públicas, ¿lo llamamos mercado? Una gran variedad de productos agrícolas entrarían en esta definición, aunque muchos otros como el automovilístico o el energético -esas minas de carbón aún abiertas pese a sus costes al mismo tiempo que la nueva energía sostenible recibe subvenciones, curiosa esquizofrenia-, también reciben una parte importante del pastel.

Otros sectores reciben menos subvenciones públicas, pero viven fundamentalmente de prestar sus servicios al Estado. Por ejemplo, las empresas de construcción de infraestructuras reciben buena parte de su facturación de contratos públicos. Curioso mercado, ¿verdad?

Finalmente, todos los sectores que podríamos considerar más libres de la influencia de la autoridad, también tienen su carga: los impuestos. Piense que cualquier empresa alcanza en España un coste de 3.000 euros mensuales para contratar a un trabajador cuyo sueldo neto de impuestos -directos o indirectos- no alcanzará los 1.500 euros. Añadamos el impuesto sobre beneficios -si quedan-, los impuestos municipales, los impuestos ocultos en tiempo improductivo perdido en burocracia, los aranceles si la empresa importa del exterior, etc., etc., etc.

¿Toma decisiones el mercado? Sí, las toma, como las toma un preso que decide si en su tiempo de patio prefiere pasear, leer un libro o echarse a llorar en una esquina.

Lo curioso es que sí hay lugar para una verdadera economía mixta. Imaginemos -no nos queda otra que imaginar- que viviéramos en un lugar en el que el libre mercado no tuviera restricciones. ¿Qué impide a los que quieran vivir en un sistema socialista unir sus esfuerzos y vivir pagándose impuestos entre ellos y con su propio estado del bienestar? Nada, pero claro, eso sería solidaridad real entre los que quieren ese estilo de vida, pero no es eso lo que quieren, quieren la solidaridad forzada y a la carta que nos imponen cada día. Esa solidaridad dirigida hacia dónde más votos produce a costa de muchos de los que creen en la libertad de elección. Pero algún día no habrá más vacas que ordeñar, ¿de dónde sacarán la leche? ¿de la máquina de imprimir dinero del banco central? Ni las impresoras, ni los apuntes contables, ni los votos, ni los golpes de pecho solidarios, crean riqueza. Lo más que crean es una falsa ilusión de seguridad -"el Estado tiene que solucionar la situación"; "el Estado es demasiado grande para quebrar"; "cobraremos nuestras pensiones"-. La misma falsa ilusión de seguridad que hace que las energías vayan dirigidas a cómo obtener más del Estado, y no a cómo crear más riqueza real.

¿Economía mixta?

April 19, 2009

Empeorando lo malo

Comienza hoy una colaboración que a buen seguro aportará grandes cosas a "Keynes is dead". El Sr. Smith sabe de lo que habla. No es el Sr. Smith de esos que simplemente hablan, sino de los que viven acorde a sus ideas. El Sr. Smith sabe lo que significa arriesgar su dinero y su tiempo buscando una libertad que cada vez nos ponen más difícil. Malos tiempos para los Sres. Smith del mundo. Su primera colaboración tiene un título muy significativo: Empeorando lo malo. Disfrutadlo.

Para confiar en que los gobernantes y políticos del mundo nos saquen de la crisis en la que ellos mismos nos han metido, hay que ser tan optimista como para querer solucionar el problema de la sequía con una danza de la lluvia. Cada mañana, busco en las noticias un atisbo de esperanza, una luz de optimismo, pero rápidamente vuelvo a mi estado de desconfianza absoluta. Ni gobernantes ni oposición, en ningún estado del mundo, parecen dispuestos a librarnos de este atolladero.

Lo que no parecen entender nuestros mandamases es que las crisis se producen por una mala inversión generalizada en la sociedad. Cuando una empresa elige una mala inversión y sus rendimientos son inferiores a lo invertido, esa empresa está abocada a la quiebra. Cuando son muchas las empresas (e incluso las familias) las que yerran al elegir sus inversiones, es el global de la economía la que se resiente. Y esto, ni más ni menos, es lo que ha sucedido durante el final de los noventa y el principio de siglo. Alimentados por una expansión crediticia absolutamente artificial, las empresas y familias se han lanzado a una serie de inversiones en un sector profundamente sobredimensionado; el sector inmobiliario ha crecido mucho más de lo que la sociedad necesitaba. En pocas palabras hemos destinado demasiados recursos a construir edificios. La consecuencia, es que ahora sobra ese ladrillo de más, por lo que su precio disminuye y quienes invirtieron en exceso sufren perdidas. Adicionalmente, los recursos que la sociedad en su conjunto ha destinado a ese sector (obreros de la construcción, por ejemplo) deben ser reconducidos a otros sectores donde sean más necesarios.

Pues nada, los gobernantes piensan que no, que los recursos están bien donde están, que el precio que tienen las casas está bien e incluso tiene que seguir subiendo y que hay que seguir construyendo edificios porque aún tenemos pocos. No importa que ya nadie más necesite viviendas, que queden miles de promociones sin vender o que muy pocos ciudadanos consideren accesibles los precios del mercado actual. Nada de eso importa. Lo importante es que los gobernantes han decidido unilateralmente que hay que salvar al sector. Y la oposición, para colmo de males, piensa lo mismo, aunque luego aparezcan en todas las televisiones criticando al gobierno. En Galicia, por poner un ejemplo, el flamante nuevo presidente de la Xunta, cree que hay que salvar a los que se equivocaron, y para ello, piensa comprar esos edificios, a los precios que a los ciudadanos nos parecen desorbitados. Y para ello planea utilizar para ello el dinero público (sí, sí, el de todos, el de usted y el mío, que, probablemente no hemos realizado ninguna inversión alocada). O sea, que yo considero que no debo comprar una casa a un determinado precio y el banco considera que esa inversión no es adecuada y por ello no me presta el dinero y sin embargo, Feijóo, piensa que con el dinero de mis impuestos sí que es adecuado realizar esa inversión. Claro, los gobernantes, con este tipo de medidas, deben pensar que no existe riesgo ya que el Estado no puede quebrar… ¿o sí que puede?

Los votantes observan este tipo de medidas con indiferencia. No parece dolerles que el dinero de sus impuestos se malgaste en este tipo de barbaridades. O bien no se dan cuenta de que el hecho de que la Xunta compre viviendas a los promotores evita que estos tengan que bajar sus precios hasta un nivel que nos sea accesible a todos los ciudadanos, o bien no comprenden que, tarde o temprano, este dispendio saldrá de sus bolsillos. Sin ir más lejos, el enorme gasto público en el que está incurriendo el Gobierno de Estados Unidos por culpa del famoso “Plan Obama” ya está llegando a la calle. Los ciudadanos americanos empiezan a rebelarse por la brutal subida de impuestos que están sufriendo. Tal como informa el The Wall Street Journal, los estados están compitiendo por ver quien es capaz de cobrar más impuestos a sus contribuyentes. Y es que el dinero no se puede crear de la nada. Bueno, corrijo, el dinero sí que se puede crear de la nada; al menos el dinero fiduciario que es el que sufrimos hoy en día. Lo que no se puede crear de la nada es la riqueza.